viernes, 30 de abril de 2010

Olvidaste decirme



Me encantaría que nos acompañaras en la presentación del libro:


Olvidaste decirme

Comentan: Dra. Maribel Vázquez

Mta. Alejandra Domínquez


Publicado por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, Dirección de Fomento Editorial, dentro de las actividades culturales en la feria del libro.

Día: martes 4 de mayo

Lugar: Complejo Universitario de la BUAP. Aula virtual.

(junto al TEC (vía Atlixcáyotl))

Hora: 18:30 en punto.

"A veces los sueños saben a espuma de mar;
nos hablan de lo corta que es la vida
y lo larga que es la existencia."

Gracias por apoyar la difusión de la literatura en Puebla y por acompañarnos. María Sanz (Eugenia)





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domingo, 18 de abril de 2010

Un día de sol, lluvia, viento, mariachis, sobre todo repleto de alegría y acompañado por la deliciosa comida típica del Valle, ofrecida por doña Margarita.
Así fue la presentación de la novela: Los muertos de mi vida.



Comentaron: el licenciado Sergio Bailleres, el maestro Felipe Galván, el licenciado Aldo Rivero Pastor y el señor Mariano Morales.
La proyección del documental acerca de la historia de la hacienda, el agua de jamaica, las conversaciones, la hospitalidad de la familia Carmona Barrientos, lograron que todos se sintieran como en casa.
Ciento treinta invitados recorrieron el camino a la Noria de San Roque, subieron las escalinatas para disfrutar el paisaje y las explicaciones de Luis Adrián Carmona. Lamentamos la ausencia de la "Novia de San Roque", al menos, doña Magdalena Milagros y Gabriel Zenteno estuvieron presentes en las conversaciones.

Los invito a leer la novela, está a la venta en la librería Enigma, en la plaza comercial JV de San José Vista Hermosa. B. Atlixco 37, frente a Estrellas del Sur.



jueves, 15 de abril de 2010

Presentación de Los Muertos de mi Vida en la hacienda de San Roque


Mi profundo agradecimiento a las tres brillantes mujeres que han influenciado mi vida: mi madre y mis hijas: Paola y María Eugenia. A ellas les debo el impulso, la motivación. A mi esposo Rafael quién me brinda el indispensable apoyo, su consejo y amor.
A nuestros anfitriones los señores Margarita y Rubén Carmona, luchadores admirables en su empeño por conservar la fastuosa Noria de San Roque, ejemplo único en el mundo, muestra de un pasado del cual debemos sentirnos orgullosos.
A Luis Adrián Carmona quién siguió paso a paso la construcción de Los muertos de mi vida. Investigador de la historia de México, de Tepeyahualco y por supuesto, de San Roque.
Al licenciado Sergio Bailleres Ocampo, quién nos visita desde el Estado de Querétaro, y quien desde el inicio de Los muertos de mi vida se sumó a mi esfuerzo por comprender la intrincada historia de la Revolución, de la política mexicana. Resolvió dudas, escuchó paciente mis comentarios.

A Mariano Morales, brillante periodista, ocupado siempre en la cultura, las letras. Escritor, investigador. Mi maestro y crítico constructivo.
Al maestro Felipe Galván y al maestro Roberto Martínez Garcilaso, ambos con una trayectoria impecable y extensa en el mundo de la cultura y las letras poblanas, de la literatura hispanoamericana.
Al licenciado Aldo Roberto Rivero Pastor, quién hace un espacio en su labor como notario para convertirse en apasionado investigador del pasado histórico de Puebla, de sus costumbres, del arte.
A todos los amigos que nos acompañan en el interés común por conocer más de nuestro bello Estado de Puebla y se suman a las actividades académicas con motivo de la conmemoración del Centenario de la Revolución Mexicana.
A nuestros amigos de la prensa, incansables en la tarea de mantener informada a la población y cuya labor trasciende el tiempo, ya que gracias a muchos periodistas del pasado, y me remonto a los años de 1900 a 1954, logré rescatar anécdotas y relatos importantes para la construcción de Los muertos de mi vida y de la siguiente entrega: De las armas a la palabra, en homenaje al general Rodolfo Sánchez Taboada, que pronto presentaremos.
También Magdalena Milagros acude a la prensa, a los expedientes militares, a los guardados en notarías, para construir su gran mentira piadosa. Magdalena aprende a manejar a la perfección los hilos que mueven a quienes la rodean. Reconstruye una parte de la historia de la Revolución a través de pupilas prestadas: las de su Gabriel Zenteno, un mensajero como el arcángel del cual toma el nombre. En Los muertos de mi vida me refiero a los grandes amores experimentados a través de la piel, por medio de la imaginación.
Magdalena Milagros, Puebla, poblana, mujer, sobrevive a pesar de todo. Atesora en su clóset prendas con aroma a pasado; es a través de los objetos como logra consolidar su historia. Un personaje para leerse entre líneas, y quizás, en el medio de alguna de ellas me encuentren, porque al escribir, inevitablemente una parte de mí se compromete.
Los personajes fueron poco a poco tomando vida, crecieron y me demandaron un aliento propio. Vicencio surgió de la nada para convertirse de inmediato en el alter ego de Magdalena, en mi propio alter ego, en el amante escucha.
Conchita y Josefa se insertan en la periferia de la familia, desde ahí, se enteran y nos enteran de los secretos de su patrona. Son el reflejo del otro México, de los que vivimos a la sombra del poder pero no por ello perdemos la visión de águila a quien no escapa ni el pequeñísimo ratón. Representan las voces conscientes, críticas, ante las cuales los “patrones” se mantienen sordos.
El Francés… cualquier poblana, en cualquier tiempo, ha mirado con deseo lo proveniente de otras latitudes: franceses, españoles, norteamericanos, alemanes, italianos, argentinos. Tampoco escapan a esa herencia malinchista los caballeros. El denominado malinchismo se adjudica a los mexicanos, por aquella a quién todos han escuchado nombrar alguna vez, pero al parecer esa mirada que intenta ir más allá de las fronteras aparece en todas las culturas y en todos los tiempos. “Nadie está conforme con lo que tiene”, “en la variedad está el gusto”, y podríamos aplicar muchas leyes provenientes de la sabiduría popular. Les llamo leyes porque así son interpretadas. El Francés y Magdalena, dos culturas enamoradas por siempre. También el romance tiene varias lecturas, tantas como la historia de cualquier pareja de amantes.
Desfilan en el recuerdo de Magdalena Milagros: Emiliano Zapata, desmitificado, mortal, apetecible, adorado y odiado; para Magda no es monedita de oro, así como tampoco Celso Zepeda, temible bandolero, el Robin Hood de estos rumbos de Tepeyahualco. Mariano Trujeque, no registrado en la historia oficial, no por ello menos valiente, macho arrogante, sensible campesino, líder de muchos quienes apenas hablaban castellano. Aquí, en Tepeyahualco, hizo temblar a Porfirio Díaz y Al Chacal: Victoriano Huerta.
Las Refugios, el regimiento de mujeres abandonadas por el destino quienes toman las armas y cobran sus propias deudas con la fuerza de los máuser. Mujeres independientes de los maridos y del clero. Ellas son las mujeres de la Revolución, no las reclutadas por los zapatistas para traerlas como criadas y concubinas, las llamadas en el norte: adelitas, hembras maltratadas por sus machos. Las Refugios son un eco de mujeres como María Arias Bernal llamada: María Pistolas; María Sandoval de Zarco, la primer mujer abogada; Juana Belén, doña Carmen Serdán y miles más quienes aportaron ideas, iniciativas para la formulación del Plan de Ayala, tomaron los puestos laborales dejados por los hombres, araron el campo, curaron a los heridos.
“Los revolucionarios encontraron la brújula, no atino a encontrar el momento en el cual se nos volvió a perder.” Cito a Gabriel, a millones de mexicanos que como él nos planteamos hacia dónde nos dirigimos, nos dirigen; empujamos, nos empujan. Este 2010 es un año para actuar con la razón como lo hizo Magdalena, para emplear a fondo el corazón igual que Gabriel. Los muertos de mi vida es la aportación de María Sanz en el Centenario de la Revolución Mexicana.
Espero disfruten la lectura tanto como yo lo hice al escribirla. Gracias por compartir este momento.

martes, 13 de abril de 2010

Crónica de una muerte anunciada y no precisamente la de Artemio Cruz




Se anuncia la llegada del "libro electrónico" como el sepulturero del romántico libro editado en papel: vástago de Gutenberg. Los escritores opinan, también lo hacen los editores. Los amantes de las pantallas están entusiasmados. Yo no.


Desde la aparición de la tecnología que ha revolucionado hasta las costumbres para enamorarse, he cambiado cada dos años mis amados equipos de computación, no digamos los de telefonía. Sin contar las agendas electrónicas, los reproductores de películas, las televisiones. Apenas adquiero algo, ya es obsoleto. Ahora el libro, los libros, antes tangibles, serán virtuales.
Me surgieron preguntas quizás absurdas: ¿cómo voy a respaldar mi biblioteca? Me ocurrirá lo mismo que con mis películas beta, luego VHS y ahora DVD que con el paso del tiempo se rayaron, arruinaron... al igual que la memoria en la que guardaba las fotografías de mi inolvidable viaje a Chiconcuautla. !Créanme, fue inolvidable! ¿En dónde está ese lugar?, es tela para confeccionar otro tipo de historia. Pero regresaré al libro electrónico.

Me visualicé bajando de Amazon "La voluntad y la fortuna". Después de ingresar mis datos e intentar reproducir las palabritas de seguridad, leerlo con lentes especiales para no arruinar lo que me queda de vista, cuidar el libro de cualquier contingencia, cargarlo por las noches para no quedarme sin batería, abrazarlo para que no sufra algún accidente dentro de mi bolsa y por supuesto jamás prestarlo. Concluí que podría con ello al igual que lo hago con los profundos comentarios de mis amigos en el facebook. A todo se acostumbra uno.

Por un momento pensé: y si vuelvo a encontrar al maestro Carlos Fuentes, ¿en dónde me va a escribir la dedicatoria? ¿Tendré que echar al reciclado mis separadores de páginas? ¿Podré escribir mis comentarios personales en los costados de las páginas para cuando lo relea pueda cerciorarme de las estupideces que pensaba en ese entonces? ¿Qué haré con las hojitas del árbol bajo el cual me senté cuando lo leía? ¿Dejaré las costumbres del lector que atesora recuerdos entre las páginas del libro porque se lo apropia?

Imaginé que al cabo de seis meses tendría almacenados unos cincuenta libros sin souvenirs y de repente anunciarían un libro electrónico que habla, con un sistema diferente, revolucionario; te canta cuando te vas a dormir, te despierta con los versos de Neruda, te sirve de teléfono y el mío, en el cual invertí entre 300 y 700 euros, es ya obsoleto; es más, con el peligro de perder la información almacenada si no cambio de inmediato el aparato, el sistema, el anti virus. Ni nombrar el pánico a perderlo por haberlo dejado en el banco, la mesita de la cafetería o en casa de mi hermano.



Ya soy esclava del celular, la laptop, la Secretaría de Hacienda, la apocalipsis que dicen se avecina para el 2012 y además ¿lo seré del libro electrónico con pantalla sin retroiluminación para que no sufran mis ojos y en los que dicen puedo tomar notas, cambiar el tamaño de la tipografía y añadir marcadores siempre y cuando sean debidamente guardados? Comentan: "serán ideales para los viajeros y los amantes de rarezas bibliográficas". A los que nos gusta ver el lomo en el librero porque nos transporta al texto y a los acontecimientos de la vida que lo rodearon, a los que dormimos con el libro abierto sobre el pecho, a quienes sólo pueden ir al baño con ese discreto compañero, a los que por la navidad les ponen un enorme moño y una tarjetita que reza: "el regalo que abrirás más de una vez": ¿nos tendremos que conformar? Debo redactar de nuevo mi epitafio: "María: quién sembró un árbol en la granjita del facebook, quién escribió un libro electrónico." Lo del hijo quedará a la antigua, cuando las personas se decían al oído que se amaban, se acariciaban y por milagro la cigüeña llegaba nueve meses después.

Dicen que serán libros verdes porque ahorraremos árboles, ¿y qué harán con la basura cibernética, con la electrónica y plástica no reciclable?, ¿contratarán a más chinos en esos inmundos botaderos de materiales tóxicos para pelar cables, desensamblar baterías, monitores?
Mejor continúo sembrando arbolitos en El Despertar, me olvido de los libros electrónicos y continúo abrazando a Carlos Fuentes, preciso, a la "Voluntad y la fortuna" porque aún puedo decidir el tener un libro tradicional, el dinero para comprarlo, atesorarlo y algún día heredarlo a mi Álvaro y a mi Sophie.


lunes, 15 de marzo de 2010

Aportaciones a "Los muertos de mi vida"


Lola de Remigio quien fuera raptada por Celso Zepeda, una historia no contada en Los muertos de mi vida.
Se hizo mujer la tarde en la que el zapatista la levantó en vuelo mientras huía, precisamente, de él. El rapto terminó en una alocada entrega de amor y sexo. "Era guapo, muy guapo", contaría después a sus hijas, nietas y bisnietas. Sólo compartió con él, una semana. Siete días de rebozos nuevos, faldas, blusas bordadas y collares de canutillo. Comida abundante. Horas compartidas en un petate en la guarida del legendario y temido Celso Zepeda, muy cerca de San Roque en Tepeyahualco de Hidalgo.
Le sigo la pista a Celso Zepeda. Si alguien sabe algo de él, por favor compártanlo conmigo.

martes, 9 de marzo de 2010

A los muertos les va bien...

A todos los amigos les recuerdo que aparten la fecha del sábado 17 de abril para la presentación de Los muertos de mi vida, en la hacienda de San Roque.

A los muertos les ha ido bien y presentamos la novela en la sala Adamo Boari del Palacio de Bellas Artes.
Será el 23 de junio a las 19:00 hrs.
Los comentaristas : Teresa Colchero Garrido, Felipe Galván y Roberto Martínez Garcilazo, a quienes estoy profundamente agradecida.

Me encantaría que se unieran a los poblanos que orgullosos entregamos obras literarias, como homenaje a los caídos en los movimientos de la Independencia y la Revolución Mexicana.

lunes, 1 de marzo de 2010

"La luz de la tierra sale de sus párpados" a pesar de la tragedia.

El fin de semana tuvimos trabajo en la casa de la montaña. “El Despertar”, se llama.

Recibe los saludables vientos del volcán Iztaccíhuatl y la madrugada del sábado nos acompañó la luna, casi llena, refulgente.


El domingo trabajé atendiendo a la gente que asistió al Temazcal. Entre cocina, ritos, cantos y vapores, los alumnos de investigación de Rafael tuvieron el primer encuentro con lo que algunos llamaron: “una intensa experiencia”. Meditaciones, introspecciones. De alguna manera: equilibrio de la mano con la magia.


Me es difícil regresar a lo cotidiano, a Puebla, al hogar de la semana, al trabajo en la librería. Pensaba en eso cuando encendí la radio del coche y llegué a escuchar parte de una historia ensordecedora. Así la sentí. El silencio provocado por la incredulidad, por el dolor, por la rebeldía. De nuevo un terremoto acompañado además por un maremoto (al que ahora en los medios llaman tsunami, término japonés y no castellano), en Chile.


Viví los desastres provocados por un maremoto en la costa de Nicaragua, cuando en una misión de solidaridad, en 1992, el gobierno de México envió un pequeño grupo de psicólogos. Recibí la llamada de mi maestro, el doctor Rafael Núñez Ovando. “Hubo un maremoto en mi tierra, pasado mañana salimos para Nicaragua. ¿Cuento contigo?” “Doctor, no sé qué decirle, la invitación es un poco precipitada.” “También lo fue el maremoto.”


Entre el diminuto y decidido grupo estábamos: Marisela Díaz Jiménez, Consuelo García de la Hidalga, el doctor Rafael Núñez Ovando, Erick Chargoy y yo.


Si es difícil describir la devastación provocada por un terremoto, la de un maremoto toca los límites de lo absurdo. En las costas de Nicaragua la enorme ola midió ocho metros de altura. Da igual, lo terrible es la fuerza con la cual traspasa los límites habituales, destruye todo a su paso dejando las estructuras de las construcciones, como si fueran papeles arrugados por una poderosa mano. Los cuerpos sin vida sobre los árboles o desaparecidos por siempre en las profundidades del océano.


Escuché a Adela Micha hablar de una niña chilena de doce años, quién había salvado a los pobladores de la isla Robinson Crusoe.


¡Despierta, despierta, mujer! ¡Suena la campana! ¿Escuchas? Espera, ¿fueron dos o tres toques? ¿Llamará a incendio o alguien se murió? ¡Despierta mujer y trae a los niños!
Del archipiélago Juan Fernández, la única isla habitada es la que lleva el nombre de Robinson Crusoe. Antes prisión de patriotas, ahora, hogar de Martina Maturana. Su padre, un carabinero, fue designado a la esmeralda flotante en el universo de agua. Lejos, muy lejos estaba el continente, Valparaíso con sus casas escurriendo en dirección al mar, su abuelo.
Se despidió de él una tarde. Una de tantas despedidas.
-¡Estoy rodeada por el mar, abuelo!
Le dijo Martina preocupada, con la boca fruncida, con los brazos cruzados sobre el pecho. Él se acercó y la abrazó.
-Aprenderás a quererla, mírame a mí, no puedo alejarme ya de Valparaíso. “Necesito del mar porque me enseña: no sé si aprendo música o conciencia: no sé si es ola sola o ser profundo o sólo ronca voz o deslumbrante suposición de peces y navíos. El hecho es que hasta cuando estoy dormido de algún modo magnético circulo en la universidad del oleaje.” No temas, mi niña “bella, de finas manos y delgados pies como un caballito de plata, andando, flor del mundo, así te veo, bella.” Te quiero, recuérdalo siempre.
-Abuelo…
-Aquí estaré, atrapado entre los barcos de colores brillantes y el sonido del oleaje, hasta que nos volvamos a encontrar. Te enviaré nubes de ángeles, así no tendrás miedo y te sentirás feliz.
Los días de Martina se diluyeron entre la escuela, los juegos y la mirada perdida en el azul de su frontera. Al atardecer, las nubes, coronas de las elevadas cumbres, le recordaban las incomprensibles historias de su abuelo. Cualquier miedo estaba justificado. “Un solo trueno vuela sobre el mar y los pinos, un movimiento sordo: un trueno opaco, oscuro,” si eso escuchaste, no te preocupes, Martina, “son los muebles del cielo que se arrastran.”
Martina, en el sueño, creyó escuchar a su abuelo: “El viento es un caballo, óyelo como corre por el mar, por el cielo”. Abrió los ojos. No era el viento quién mecía su cama, era la tierra. El suelo de la pequeña isla se movió, estaba segura.
Su padre, para tranquilizarla, llamó a Valparaíso. Escuchó incrédulo la noticia. A las tres treinta y cinco de la madrugada, un viento cálido abrazó a Santiago de Chile, el cielo cambió de tonalidades; minutos después la ciudad se sumergió en la oscuridad. Acostumbrados a los cotidianos movimientos de su tierra, en un principio no se alarmaron, segundos después la tierra se enfureció, las estrellas parecían precipitarse como una cascada de luces finales. Martina le arrebató el teléfono a su padre.
-Abuelo tengo miedo.
-Yo también, hijita. “Tengo miedo de todo el mundo, del agua fría, de la muerte. Soy como todos los mortales, inaplazable.” Lo que nos suceda no está en nuestras manos.
-¿Cómo es la muerte?
-“…como un zapato sin pie, como un traje sin hombre, llega a golpear con un anillo sin piedra y sin dedo, llega a gritar sin boca, sin lengua, sin garganta.”
-No voy a morir nunca, abuelo.
Martina se asomó a la ventana. Las embarcaciones se bamboleaban, el viento no galopaba, estaba ausente. Corrió por la calle paralela al océano. Al llegar a la plaza batió con todas sus fuerzas el gong.
¡Despierta, despierta, mujer! ¡Suena la campana! ¿Escuchas? Espera, ¿fueron dos o tres toques? ¿Llamará a incendio o alguien se murió? ¡Despierta mujer y trae a los niños!
La madrugada se maquilló con el sonido de las campanas, con la prisa de los pobladores quienes corrían por el empinado camino hacia la montaña. Salvaban sus vidas.
El gong guardo silencio, minutos después fue devorado por el océano.
“No es la última ola con su salado peso la que tritura costas y produce la paz de arena que rodea el mundo. Es el central volumen de la fuerza, la potencia extendida de las aguas, la inmóvil soledad llena de vidas.”
Mar, “toda tu fuerza vuelve a ser origen. Sólo entregas despojos triturados, cáscaras que apartó tu cargamento, lo que expulsó la acción de tu abundancia, todo lo que dejó de ser racimo.”


Un enorme silencio a quienes se fueron en esa madrugada.
Un homenaje a dos grandes chilenos, Martina Maturana y Pablo Neruda.

“Como algo que se quiebra perpetuamente, atraviesa hasta el fondo mis separaciones, apaga mi dolor y propaga mi duelo.”