viernes, 24 de agosto de 2012

Déjame acariciar tu rostro. Efluvios del 5 de mayo de 1862



Foto: Rafael Aluni




De nuevo, “déjame acariciar tu rostro”, mueve a reflexionar acerca de los hechos de armas que cimbraron a los poblanos en los años de 1862 y 1863, conocidos como: La Batalla del 5 de Mayo y El Sitio de Puebla.

El día lunes 10 de septiembre a las 11 de la mañana, en el Museo de la Memoria Histórica Universitaria, ubicado en la antigua Casa de Ovando, se realizará un evento histórico-artístico con la presencia del Dr. Enrique Agüera Ibáñez, Rector de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, quién también dará a conocer la obra de su autoría.

María Eugenia Bear Sanz hablará de la novela: “Déjame acariciar tu rostro”, la única presentada en Puebla con motivo del 150 aniversario del relevante suceso.

La batalla del 5 de mayo de 1862

En esta ocasión, la autora decidió entrevistar a uno de los personajes: doña Misericordia Ochoa Pardiñas y Varela.

MEBS
—Recordemos, doña Misericordia, uno de los momentos decisivos en su vida, que marcaría además el destino de sus hijas cuando: “Cuatro extrañas mujeres vestidas como enfermeras, recorrieron la colina del cerro de Guadalupe en la noche del 5 de mayo de 1862. Acompañadas por un anciano mozo y dos caballos, rebuscaron entre el silencio mortal y los quejidos de los moribundos. La sangrienta batalla librada por el Ejército de Oriente comandado por el general Ignacio Zaragoza y las huestes de Napoleón III a cago del general Charles Ferdinand Latrille, conde de Lorencez, anunció el inicio de una historia fascinante. Siempre quise saber cómo fue que urdió ese plan.

Misericordia
—Estar al margen y en la punta de la lengua venenosa de la sociedad, lacera hasta al más entero de los mortales. Imagíneselo, así viví y quería algo distinto para mis hijas. Debo confesarle que no fue el único plan, puesto que contemplé otras dos alternativas para reivindicar la posición social de mis hijas. Usted conoce bien la primera: preparé con todo detalle la fastuosa bienvenida a los oficiales franceses, sin embargo, los acontecimientos lo desbarataron. La otra estrategia consistía en dar mi apoyo incondicional al Ejército de Oriente, luego de la batalla del 5 de mayo. En definitiva, con uno u otro, la historia habría sido completamente diferente. Está claro que a usted, María, se le habría extinguido la inspiración, y mis hijas habrían soportado día a día las vejaciones de las señoras del santo rosario, ¡y qué decir de las indirectas en los sermones del señor cura! 

El fuerte de San Javier,  en dónde El Comandante y doña Misericordia se enamoraron, luego de los cruentos bombardeos durante el Sitio de Puebla

MEBS
—Considero que usted es una mujer valiente y adelantada a su tiempo, me surge entonces la pregunta de ¿cómo miraba usted la vida cotidiana en esos años del 1862 y 63 en la ciudad de Puebla?
Misericordia
—Puebla se fundó con la idea de convertirla en una gran ciudad de corte europeo. En sí, la ambición apuntaba a hacer de ella un rincón español o francés dentro del territorio mexicano. Desde niños nos inculcaban el sentirnos diferentes a los de raza indígena; los criollos eran los más beneficiados, seguidos de nosotros los mestizos. El orgullo de la casta se manifestaba en todos los órdenes sociales. Mujeres como mis hijas y yo, a pesar de la fortuna económica, vivíamos en una especie de limbo: ni de aquí ni de allá. En definitiva fueron tiempos a la vez hermosos y complicados.

MEBS
—Doña Misericordia, voy a nombrar algunas palabras y me gustaría que me dijera lo primero que salta a su mente. “Iglesia”.
Misericordia
—Mi querida María, no niega su pasado freudiano e inicia con lo más filoso de la espada. Cuestionarlo en aquel entonces podría costarle la vida. Ya ve las penitencias que nos imponían, y no contó aquella de las piedritas dentro de los botines, ¿o la guardó para otra novela? ¿Esa que escribe acerca del ladronzuelo?… No se imagina la de historias que circularon en mi familia con respecto a los tiempos de conventos e inquisición. Ya ve cómo le fue a mi parienta la “Monja Coronada”. Así que mientras mejor quedara con la iglesia, mejor me iría en la vida, y por supuesto en la muerte.
MEBS
—Aún no me responde, doña Misericordia.
Misericordia
—Poder absoluto sobre el alma, el cuerpo y las finanzas de todos nosotros. Para mí fue un collar asfixiantemente milagroso.

MEBS
—“Patria”.
Misericordia
—En mi familia teníamos tres: La Madre Patria como primera, la que jamás conocimos y se antojaba única y perfecta. La Patria Mexicana era difusa y confusa en ese entonces; aún resonaban los acontecimientos desatados por don Miguel Hidalgo, doña Josefa Ortiz de Domínguez, doña Leona Vicario y el resto de los independentistas. Quiero decirle que el virrey José de Iturrigaray fue pariente nuestro y en verdad mi madre sufrió con los acontecimientos. Por tanto, en mi familia se hablaba de traidores, de conspiradores, disolutos, herejes, ladrones, depravados. Imagínese, María, habían pasado tan sólo 53 años y aún no sabíamos andar como país independiente. Y ahora mismo respondo: Patria, para nosotras, fue el territorio comprendido dentro de las paredes de nuestra casa de La Estrella, y seguíamos las leyes de mi marido, luego, las que yo intuía en mis oraciones.

MEBS
—“Anarquía”.
Misericordia
—Por lo visto continuará empuñando el arma. Anarquía fue la querida de muchos poblanos, eso sí, vestidita como una gran dama.

MEBS
—“Decencia”
Misericordia
—El platillo fuerte servido en toda mesa poblana, aunque a muchos no les apetecía, o les empachaba, o la guardaban en la alacena.

MEBS
—Doña Misericordia, noto un dejo de amargura; me atreveré a preguntarle: ¿conoció la felicidad?
El Hospicio (hoy Av. Palafox y Mendoza) después del Sitio de Puebla


Misericordia
—Y la pasión y el amor. Viviré gozosa una y otra vez en mi adorada Puebla y en los memorables tiempos de 1862. Privilegio de personaje.


MEBS
—“Rencores”.
Misericordia
—Ninguno, la locura es la lucidez del alma.

Los invito a leer “déjame acariciar tu rostro”. Debido a la enorme demanda, son pocos los ejemplares en la librería de la BUAP, los pueden adquirir ahí, o con la autora a través de este Blog de Letras de aguaviento. Será un ejemplar de colección.



(Las fotografías antiguas se encuentran en la red)




jueves, 2 de agosto de 2012

Cráneos de cuarzo y piedra caliza


En la tradición maya, una leyenda refiere que cuando los trece cráneos de cristal se reúnan, se revelarán las claves para el entendimiento del propósito de la vida en el universo.
Iniciados del pasado los tallaron de acuerdo a las instrucciones de seres superiores. Mucho se ha especulado y también numerosas historias y calaveras son falsas.

Gracias a Tenoch y a Rafael por cuidarme

La historia más difundida, que incluso inspiró la película: “Indiana Jones y el reino de la Calavera de Cristal”, fue la de la hallada por el explorador británico Frederik Mitchell-Hedges y su hija Anna, en 1924, en una exploración en la zona maya de Lubaantún, en Belice. De cuarzo blanco y tallado con perfección, el cráneo acaparó el interés de arqueólogos y científicos. Aún se debate acerca de la fabricación, la antigüedad y las propiedades del llamado “Cráneo del Destino”.
Dos calaveras se encuentran en el Museum of Mankind, en Londres, y una más, de 11 centímetros de alto y 2.5 kilogramos, en el Trocadero Museum, en París.
Las hay se amatista púrpura, de ónix, de cuarzo amarillo, de piedra, de cuarzo ahumado. Se da a conocer la existencia de al menos 19 calaveras, pero en diversos centros ceremoniales de México, se han encontrado muchas más y se ha comprobado su autenticidad.
Los cráneos, de manera no ortodoxa, llegan a las personas que poseen las cualidades para resguardarlos. Es el momento de trabajar con ellos, por ese motivo “aparecen”. Son objetos de poder, no sólo curiosos vestigios antropológicos que despiertan la sed de sensacionalismo y las teorías alocadas de ocultistas.
Inspiran, en primera instancia, un profundo respeto por ser herramientas en el trabajo energético y espiritual. Pensemos en ellas como llaves que permiten acceder a otros planos existenciales, tanto temporales como dimensionales. Vehículos de conexión.
Otros refieren que los cráneos fueron confiados a los olmecas por los Atlántidas o Itzá. Como custodios de esos “recipientes de saber”, los olmecas los heredaron más tarde a los mayas y estos a los aztecas. El hecho es que se han encontrado en diferentes culturas y corresponden a diferentes tiempos.
La información acerca de los misteriosos cráneos es extensa, pero poco se habla de la experiencia personal y directa con ellos. En mi fugaz y accidentada estancia en Palenque (Chiapas), luego de solicitarles su permiso, trabajé con dos de ellas.
El cráneo de mayor tamaño, de cuarzo y con tallados en diferentes puntos, corresponde a un varón. Es ligeramente alargado, o dicho de otra forma, de frontal menor en proporción a la región parietal y occipital. Los cuencos parecían observarme desde ese vacío en el que mi mente proyectó de inmediato diálogos e imágenes.
Me permitió colocar mis manos, acariciarlo y ofrecerle la ceniza del Popocatépetl y el agua de manantial. Sin embargo me fue imposible meditar frente a él. Me provocó inquietud y pude sentir que aún no estaba preparada para esa relación. ¿Su nombre?, las abuelas videntes le llamaron Quetzalcóatl.
La otra calavera es de piedra, pequeña, de cabeza redonda y prognata. Sentí ternura, deseos de acariciarla y ofrecerle el agua de manantial y las cenizas del Popocatépetl. En ese momento me encontraba cansada por el viaje de más de diez horas hasta Chiapas y le pedí permiso para tomar mi siesta con ella entre mis brazos. El deseo era de acunarla, brindarle cariño. En pocos minutos cerré los ojos.
De inmediato me sumergí en un sueño lúcido en el cual el agua se convirtió en el elemento principal. No referiré el sueño pero sí que cuando desperté, la piedra estaba tibia y permaneció así hasta la noche.
La mujer que la custodia me contó que esa calavera es de origen mexica y al parecer fue trasladada hasta la costa durante el período de la conquista. Las abuelas videntes lloraron al conocerla. La calavera representa a una abuelita, una anciana que vivió y absorbió tristezas, miró lo más vil del comportamiento humano, en ambas razas, durante la conquista.
En un ritual de limpieza, unas semanas atrás, una representante de la raza mexica y uno de la española, la bañaron en el mar de Veracruz como símbolo de la reconciliación de dos mundos, de un amoroso maridaje en el que debe convertirse nuestro futuro. Las abuelas videntes dijeron entonces que el cráneo, cuyo nombre no recuerdo, pero abarca los conceptos de colibrí y sabiduría, estaba libre de melancolías.
Ambos cráneos me acompañaron en las meditaciones y sueños nocturnos durante mi estancia en Palenque. Fue el inicio, lo sé, y también el hecho de que son poderosos armonizadores que aumentaron la sincronía entre mis hemisferios cerebrales, llevándome a estados alterados de la conciencia, momentos en los cuales, los demonios internos se manifestaron con toda su fuerza a sí como los amorosos y fugaces soplos del Supremo Espíritu.
¿Calaveras falsas? ¿Sugestión? Considero que lo importante es la calidad en la relación con el mundo interno, la que pude establecer manteniendo en mis brazos el símbolo de la muerte; ante ella soy capaz de quitarme las máscaras y caer de rodillas. 
La experiencia subjetiva es quizás la más difícil de compartir, en especial ante quienes tienen a  la razón el en peldaño más alto de su existencia. Queda entonces abierta la puerta para aquellos que se atreven a viajar más allá de lo aparente.

De los votos al lanzamiento de huarache


¡Bartolinaaaaaa! ¡Qué, pues, Bartolo! ¿Dónde andas, mi chula! No grite, va a despertar a todos los vecinos; mejor acérquese y pase usted a esta su humilde casa. ¿Y ahora, Bartolo, por qué tan misterioso? ¿Se puso difícil su revolución y la cuenta de los papelitos? No, mi chula, al contrario, decidimos arreglarlo de otra manera. Pues cuente ya, los huesitos me tiemblan de miedo. ¿Miedo usted, mi florecita de panteón? Sí, Bartolo, lo veo muy raro con esos pantalones encogidos y la camisa remangada. Qué, mi muñequita, ¿me veo guapo? 
O se arrima para el otro lado de la mesa o se sale a la noche ahorita mismo. Bueno, pues, no aguanta ni un piropo. Los piropos son con palabras, Bartolo, no con las manos. Usted qué sabe, prietita, usted qué sabe. Bueno, pues, desembuche. Mis compadres y yo nos pusimos de acuerdo con los demás y organizamos una justa deportiva para olvidarnos de los problemas de las elecciones. ¿Y quién ganó? Pues hoy, los del otro pueblo, Bartolina, fíjese que se echaron unos clavados de bombita en el arroyo, que no pudimos igualar. Bartolo, me refiero a lo de la revolución. ¡Eso! Mira chulita, mejor te cuento de las competencias deportivas. Los que ganen se harán cargo de este purgatorio, un tiempo, no crea que para siempre. Y usted, Bartolo, de qué la juega. No estaba seguro, primero me anoté en el levantamiento de toneles de tequila, luego en el doble salto de charco, después en el lanzamiento de herradura, en el de guarache y al final me quedé en las carreras de sacos con relevo y en la de los cincuenta metros loma arriba. Mis compadres se anotaron en el lanzamiento de escupitajos y en el de eructos. No, pues, si está muy divertido. No se burle, Bartolina, mejor arreglar las diferiencias así, que a balazos y mentadas de familia. Tiene razón, Bartolo, porque morir dos veces por la misma necedad… 

No son los guaraches de los compadres, pero me pareció una buena foto encontrada en la red

Fíjese, chula, que hasta nos empezamos a entender, cuando todo esto termine arreglaremos el camino. ¿Cuál de todos? Pues el que nos llevará al paraíso, chula, cuál va a ser. O, pues, Bartolo, yo no lo ando corrigiendo ni cuando dice diferiencias. ¡Eso, mi morena! Tranquilo, Bartolo, no hace falta que me grite. Digo que eso es todo, si estudia hasta me puede corregir. Lo que debe componer es su facha, Bartolo, con los pantalones remangados se le ven patitas de chichicuilote de barranca y con las bototas parece que está parado sobre una piedrototota. ¿Pues quién les diseñó los uniformes deportivos? ¿El enemigo? No se burle, lucecita de mi vida, lo más importante es ganar, al menos en el tiro con charpe les llevamos la delantera. ¿Me presume de buena puntería? No más acérquese un poquito y ya verá…

martes, 17 de julio de 2012

Homenaje a José Guadalupe Posada


¿Pues qué traes, Bartolo, que vienes arrastrando la cobija? No puedo más, Bartolina, ahora sí que me siento muerto; mis compadres y yo anduvimos y anduvimos y anduvimos. 

De José Guadalupe Posada. 
¿Pues a dónde fueron? A visitar a los 50 millones 300 mil almas que votaron; pocas más, pocas menos; tumba por tumba, nicho por nicho, hasta preguntamos en las fosas comunes y en las clandestinas. ¿Y? Pues no cuadran las cuentas, Bartolina, no cuadran. O unos se murieron antes o después de la votación, o a Cuquita la de Puebla la bolsearon. El Jelipe ya se echó sus copitas y nada que nos abrió la puerta de su casa; los vecinos dicen que está preparando el itacate; Bartolina, se nos va el Jelipe sin entregar las cuentas claras. ¿A poco ya se lo lleva diosito al cielo? No, Bartolina, se va solito, mejor dicho por voluntad propia a la fuerza, acompañado por los 60 000 muertitos que lleva encima. Hasta dicen que se lleva la bandera. ¿A poco arrea hasta con la servidumbre? No Bartolina, dije: "ban-de-ra". La que mandamos a hacer con las viejitas bordadoras. 

Bueno está, Bartolo, ¡un muerto tropezando con sus muertitos! La Catrina andará contenta detrás de él, o él soñará todas las noches con ella… 
La Catrina
Mi morena, me da igual, el problema es a quién le pedimos las cuentas, después de todo, él es el que sabe bien del trinquete. 



Ya sé Bartolo, me puse avispa como me dijiste y amarré lacitos de aquí y de allá; ni una araña panteonera habría podido tejer tal maraña de telaraña y echarla a perder al último. Mi chiquita, pero si hasta poeta te estás volviendo. Párale Bartolo y saca la mano de mi blusa, estas dos sólo las tocarás después de la bendición. Cuál bendición, mi chula, si tu ungido también está dentro del trinquete. ¡Blasfemias en la puerta de mi casa no, Bartolo!, mejor entra, en este pueblo hasta las piedras tienen orejas. ¿Y ese altar?, diez, quince… ¡y ahora!, ¿de cuando acá prende usted tantas veladoras? Desde que entendí, Bartolo, ya se me hacía a mí que tan polveada y arregladita no podía estar el esqueletito de la Chepa cuando se dio por vencida, madrugándole a los encargados de hacer las cuentas; estarás de acuerdo que no se pueden tronar los cuetes antes de que la virgen pase por las manos del señor. 




Pero que re chula se ve usted cuando tuerce la boquita. Déjeme seguir, Bartolo; luego dijeron los señores de las cuentas, que un poquito por aquí y otro por allá era suficiente para decir que la señorita estaba preñada, o más claro, Bartolo, el gallito copetón era el ganador. A ver, a ver, ahora soy yo el que me perdí: ¿la señorita preñada era el gallito copetón?, o  mejor dicho ¿el gallito ganador preñó a la señora? ¿O la señora dueña del gallito copetón le ganó a la que preñó…?, mi chula, no se enoje, le va a hacer daño, sólo juego con las ideas, por algo me dicen que soy contemporáneo, porque narro lo que vivo, o lo que viví o lo que pretendo vivir desde este purgatorio. ¡Bartolo, me hace cosquillas en la nuca!, esto es como lo de la puntita… ¿A quién quieren engañar? De que hablas, Bartolina, jamás te mentiría. Me refiero a los de las cuentas; pero ya verás, nos vamos a poner de acuerdo y se van a quedar sin ir al baile, así como los de las pluris;  nos cuesta mucho alimentar esas panzas sin fondo para que salgan con sus tonterías; ¿tengo o no razón? 
Usted siempre tiene la razón, mi prietita, no es justo que bien guapas e ilusionadas fueran todas a tachar los papelitos y ni caso les hicieran. Así es, Bartolo, y estos mendigos contaron por encimita. Bartolina, dirás méndigos. No, pues, Bartolo, mendigos porque estiran y estiran la mano con el pretexto de cuidar la voluntad de los ciudadanos. Ya, Bartolina, me queda claro, ¿Y? Todo estaba preparado, Bartolo, pues el Jelipe también se saltó las formalidades, como si le pisara la cola el chamuco; ¿te acuerdas cuando nos dio su mensaje?, ¿viste sus maneras tan estudiadas, como movía los ojos y entonaba las palabras? Tranquilo el hombre, como si felicitara a las madres por haber perdido a un hijo, así, Bartolo, incongruente e irrespetuoso hacia todos nosotros; ¿dije bien incongruente? También yo aprendo palabras elegantes como ignominia, improcedente, incierto, bueno, apenas voy en la "i". Bartolo, no me quiero quedar atrás de ti. Mi chula, jamás estarás detrás, si tu quisieras te dejaría encima… Ya, Bartolo, el tema es serio. ¡Pero claro que es serio, mi preciosa, ¡cómo la quiero! 
Párale Bartolo, mejor dime tu opinión. Pues pienso que aunque algunos se atrevan a pedir el indulto, después de la cogida que nos propinó, se aguantará con la estocada y por mí, que le corten las orejas y el rabo y se lo entreguen al gallito copetón y a la gallina; será la última fiesta brava que tengan en esa granja, porque a los que no nos gustan los festines de ese tipo, nos dedicaremos a organizar otras ferias más populares y decentes. Mi Bartolo, cuídeseme mucho porque no sé que haría sin usted. Mejor sea contemporánea, Bartolina, y piense que haría en este momento conmigo… 
(Más o menos así luce nuestro buen Bartolo en esos apartados lugares de Zonzonique, un lugar muy, pero muy allá, en dónde  todo es posible y poco probable. Nosotros, en nuestro aquí contemporáneo, lo miramos de otra manera, encarnado y brioso).

Bartolina, Bartolo, los compadres y yo (María Sanz), agradecemos a nuestros fieles lectores a quienes ya les agarramos cariño. Para ustedes es la siguiente ilustración; perdonen, pero cuando por fin conseguí una cámara, los compadritos se encontraban en un receso y con un poquito de exceso. Ya se imaginarán, las cosas en este purgatorio amenazan en convertirse en un infiernillo, no al estilo Dante sino más bien parecido a nuestro respetado Mictlán.


Salud, prosperidad y paz que es lo que buscamos y merecemos.

El voto de los penitentes


Yo creí que ya lo habían levantado los zopilotes. Cómo cree, Bartolina de mi alma, nada de eso, anduve bien atareado, no se imagina lo enorme que es el purgatorio. Y puedo saber ¿por qué? Pues con eso de la revolución, ya lo sabe, preciosa, no se haga. Primero me aventé tres meses del otro lado; viera como son de apetitosas esas almas del más allá del norte… se quieren tragar todo y les dije que no, otra vez venderme al diablo, después de los trabajos que me costó salir del infierno… Buscábamos consejo con la intención de armar bien nuestra revolución, no ser sus lame botas. Y a mi qué me va o me viene, pues, el caso es que me dejó abandonada y eso es lo que me importa; ya hasta estuve tentada a buscarme otro hombre… No sea así, mi Bartolina chula. Y el demás tiempo qué, Bartolo, ¿no le rezaron y se me chiqueó


Pero mi chula, si anduve bien ocupado con los compadritos. ¿Con quiénes, Bartolo? ¿Los de la Panza Rellena de Inmundicias…? No me diga que con los de la Poca Abuela Materna… Tranquila morena, nosotros tenemos nuestro propio grupo y somos hartos, más de 132, casi, casi le digo que todas las almas estamos, casi, casi unidas; este purgatorio ya no debe seguir así; ya tenemos un montón de ideas, muchos hasta comenzaron sus proyectos en este desmoche de lugar y pues, estamos rete ilusionados. 


Y a mí qué, Bartolo, usted me dejó solita y bien calientita. Ya pues, mi chula, por eso vine un ratito. ¿Un ratito? Bueno, pues, mi florecita de panteón, un ratote. ¿A poco se tiene que regresar, Bartolo? Pues sí, porque los trancazos están duros, fíjese que anduvieron repartiendo boletitos para el cielo y eso usted sabe que sólo se gana con el propio trabajo, digno e intenso; a otros les prometieron que los ángeles los llevarían al mismito trono del “señor de las maravillas” y pues se nos confundieron muchas almas. Ájale, ya habla usted como político. Ni Dios lo quiera, esos nada más echan fuera las palabras que queremos escuchar, pero están más vacías que el pozo del compadre Pánfilo. 


(Este señor es Pánfilo. Una noche de copas les dijo: "les apuesto un ojo a que encuentro agua en el pozo. Como podrán observar, fracasó en el intento)


Bartolo, a mi me duele harto que se aprovechen de la buena voluntad y las ganas de todos nosotros de convertir este lugar en el paraíso. Mi Bartolina, ya habla usted con propiedad, como si hubiera ido a la escuela. ¿Pues qué cree que hice mientras usted me abandonó? Venga, acérquese, hoy vine bien bañadito y perfumado... ¿Para ganar mis votos? 


No chula, lo que me gustaría es ganarle a usted otra cosita. Arrímese, empalagoso y siga contándome. Viera, Bartolina, también se madrugaron a los miedosos, esos que ya tiene un kilo y no quieren arriesgar ni un frijolito. ¿Y cómo le hicieron para envolveros como tamales y no se dieran cuenta de la verdad? Pues los panzones, que son muchos y viejos gallos, pusieron al frente a un gallito copetón con muy buen plumaje; ya sabe, Bartolina, para que le apostaran los que no saben de peleas. ¿El gallito de la granja de animales del pelón y la maestra? Así podríamos resumirlo, Bartolina, el caso es que lo engordaron y engordaron por varios años y como le hacía falta una compañera vistosa o mejor dicho, muy vista, le eligieron una gaviota… ¿Gaviota? Bueno, gallina, para que me entiendas; ¿por dónde iba? Con la gallina, Bartolo. Sí, pues, con la gallina que ya hasta se come sus propios huevos porque la tienen bien picoteada, bueno, esa es otra historia que no viene ahora al caso; tan llamativos son, que muchas almas se sintieron en palenque catrín y les apostaron. 


Cúchale, Bartolo, a ver si no se les suelta el gallito en cuanto le pongan las navajas y arrea con todos, hasta con nosotros. Así es, Bartolina, muchos lo sabíamos pero cuando nos tocó ir a votar pasó de todo; como yo ya sé leer y hacer numeritos, pues 2 más 1 no dieron 3 y eso fue porque otros sumaron y restaron como se les antojó. ¡Vamos, Bartolo, ni porque estamos en el purgatorio aprenden a ser derechos! Bartolina, entiende, si son legales se les acaba el privilegio. Sus palabritas nuevas me confunden, mejor dígame, Bartolo, ¿quién ganó? ¡Pues eso mero queremos saber! Quién ganó pero con ley; pedimos ver las cuentas y ya nos hartamos de los cuentos. Bartolo, a mí no me vuelven a sentar en la nopalera, ni me van a mandar a parir chayotes, ni ninguna gallina o gaviota me va cagar encima, si las almas vendidas siguen con chanchullos, yo también le entro a los trancazos. Tranquila, mi potranca, justo eso es lo que no queremos, por algo diosito nos dio lengua e inteligencia; buscamos diálogo y respeto. Pues si no son trancazos entonces me aviento a las mentadas de madre. Calma, mi chula, tampoco buscamos arreglarlo a gritos y sombrerazos. ¿Entonces? Mira, bonita, ya los papelitos de la elección están enlodados, entonces queremos otra vez dar nuestro voto y que se cuenten bien. ¿Pues quienes hicieron las sumas, Bartolo? ¿Las de verdad o las de mentiras? Otra vez ya me hiciste bolas el atole, Bartolito. Mi chula, muchos quieren ir rapidito al cielo y sin ningún esfuerzo, los que están atrás de los panzones y los de las abuelas, les sueltan un puñadito de maíz y pues se venden, pero no saben que “esos”, los que cucharean en la granja, son chinches de canes mayores. Más me enredas, Bartolo. ¡Entiende Bartolina, hay una bola de cabritos allá arriba…! Ya, pues, desde que aprendió usted a leer y le da por las metáforas granjeras, no entiendo nada. Pues más vale que se aplique, prietita linda, porque o nos ponemos todos avispas, o nos almuerzan los chichicuilotes de barranca, por no decir que nos llevará el de los cuernos a tostarnos en carbón. Dirá usted, Bartolo, que el cabrón nos arrojará a la tiznada. Esa boquita tan sabrosa, que palabrotas es capaz de decir, por eso me encanta, por inteligente y bonita; hasta me dan ganas de apretujarla junto a mi corazón. ¡Párele, Bartolo, “eso”, no es su corazón! ¡Ándele, prietita, nada más la puntita. Esa mentira mexicana ya no me la creo; ¡Bartolo, suélteme o le tuerzo los bigotes. ¿Torcidos?, pero si me los tiene bien untados en manteca, como el pelón, los del teatrito y la maestra, a muchas almas penitentes…








lunes, 16 de julio de 2012

Preámbulo


Mi chula, no viene a visitarla porque ando ocupado, como ya sabe, ayudo a mis compadritos con su revolución. ¡Bartolo!, ¿a poco piensan desempolvar los cañones…?; ya sé, no me diga, a sus compadres apenas les quedan pistolitas… 

Con respeto, Bartolina, el que usted traiga el fusil y las carrilleras bien fajadas sobre esas formas tan femeninas, no desmerece las armas que puedan portar mis compadritos. Pues como lo veo, mi apreciado Bartolo, si se les disparan en lugares inapropiados, no necesitaremos regresar al infierno para saber de qué se tratará su mentada revolución. 


Por qué tan pesimista mi chatita linda, queremos entretenernos un poquito y ver si mejoramos de una buena vez este purgatorio tan olvidado por diosito y sus encargados, al fin que ya estamos todos en la olla y poco perdemos si nos arriesgamos. Bartolo, corrija: estamos en la caja los más favorecidos y otros en fosas clandestinas, pero aún así conservamos la dignidad y la paz, yo no quiero otra revolución aunque sea para pasar el rato. ¿Se imagina? Más bien: ¿se acuerda? Me niego a que mis huesitos terminen  otra vez entre los colmillos de algún perro por andar de revoltosos y aventados; bastante les costó a mis hermanitos andarlos recogiendo por entre las piedras del río. ¡Mejor se organizan usted y sus compadres y trabajan de verdad! 


En eso estamos, chata, en eso estamos; verá, pues, nos dimos cuenta que no podemos seguir acalambrados como si el cielo no fuera también para nosotros. Entienda, morenita, queremos evitar que nos lleve el patas de cabra, por no decir el cabrón que mete las patas... A ver, Bartolo, ¿ya se le olvidaron los muertos de la Revolución? ¿Van a encender infiernitos en el purgatorio? Nosotros no, Bartolina, por eso se va a organizar una votación muy bien vigilada. ¿Y usted aún cree en eso? Pues, sí, Bartolina; ya verá mi chula, si ganamos, el campo se va a vestir de maíz, de trigo, de sorgo, de verduras, de ríos limpios, de frutales… ¡Y comeremos bien y pasearemos y viviremos en casitas con techo de tejas, y… ¡Bartolo! Sí, mi corazón. ¡Deje de jugar con los botones de mi blusa y despierte! En eso estamos, Bartolina, mis compadres y yo estamos abriendo los ojos y los oídos... Pues “eso” que ya también se despertó y hasta se estiró, me lo pone otra vez a dormir, porque mis virtudes valen más que su revolución.